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¿Cómo promover conductas deseables en los hijos? El refuerzo positivo.

¿Cómo promover conductas deseables en los hijos? El refuerzo positivo.

 

Refuerzo Positivo

 

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  ¿Cuántas veces has pensado que es muy fácil decir cómo hacerlo?.

  Lo complicado es el día a día e intentar cambiar determinadas conductas que vas viendo en tu/s hijo/s. Evidentemente los padres intentan educar a sus pequeños lo mejor que saben, pero es complicado compaginar la vorágine en la que vivimos y el mantener normas y hábitos que se mantengan en el tiempo y se adapten a nuestra rutina diaria.
Hoy hablaremos de los refuerzos positivos.
Debemos tener siempre presente el hecho de que la conducta y el aprendizaje están relacionados íntimamente con la motivación. Por eso si utilizamos actividades que a nuestros hijos les resulten atractivas para ayudarnos a cambiar algunas conductas y a reforzar otras, tenemos gran parte del éxito asegurado.

 Los refuerzos positivos en la crianza y en la enseñanza.

Cuando se trata de aumentar la motivación, conviene saber manejar los refuerzos.
Un refuerzo es la consecuencia inmediata que sigue a una conducta. El refuerzo es positivo si resulta agradable y fomenta la repetición de dicha conducta, y negativo cuando resulta aversivo o desagradable y conlleva la eliminación de la conducta.

Los refuerzos positivos pueden ser materiales (premios, dinero, comida) o sociales (sonrisas, palmada en la espalda, chocar las manos o elogios).

  Habitualmente el refuerzo material suele ser un reforzador más intenso que el social, pero con el tiempo pierde su poder porque el niño se habitúa a los premios. Por ello, conviene comenzar reforzando materialmente y a la vez ir introduciendo el refuerzo social de ésta manera progresivamente, el refuerzo social será tan potente que no será necesario el refuerzo material.

Para que el refuerzo sea efectivo:

  1. Ha de especificarse muy bien cuál es la conducta objetivo que se quiere reforzar. Cuanto más se concrete, más fácil y efectivo será el refuerzo. Entre «te has portado muy bien» y «genial has recogido solo y de prisa tu habitación», ésta segunda opción es más concreta porque hace referencia a un hecho, no generaliza como es el caso de portarse bien de ésta forma el niño toma conciencia de qué conducta se está recompensando. Piense que para un niño portarse bien es ambiguo y puede tener un sinfín de significados.
  2. Debe aplicarse en el momento oportuno, de manera inmediata a la realización de la conducta que queremos reforzar. Si lo que queremos es que el niño haga los deberes diarios sin tardar toda la tarde, podemos comenzar haciendo un registro de conducta, en el que cada día anotemos si ha terminado los deberes en un tiempo prudencial. Cuando consigue terminar sin grandes demoras innecesarias, se le entrega su premio (debe ser algo simbólico y que no tenga mucho valor, alguna golosina, material escolar a algún juguete muy sencillo como un globo). Además, mientras el niñ@ está realizando sus deberes se le van dando reforzadores sociales como: sonreírle demostrándole que estamos contentos por su comportamiento, palmadas en la espalda, guiños, elogios como" vas muy bien", "campeón/ona" y al finalizar se debe expresar abiertamente lo bien que ha hecho sus deberes, porque ha tardado menos que otras veces y podemos aprovechar para hacerles ver las ventajas del nuevo comportamiento, le quedará tiempo para otras actividades, estamos orgullosos de él/ella.
  3. El reforzador debe estar relacionado con la conducta. Si la conducta que queremos mejorar es en la casa, el refuerzo se administra en casa, si es en el parque se reforzará allí. No es efectivo si quien reconoce el esfuerzo no lo hace de inmediato, relacionando la conducta y en el lugar donde se produce aportando así la sensación placentera de ser elogiado por el adulto implicado.
  4. Se debe tener en cuenta que la intensidad del refuerzo debe ser proporcional. Al comenzar a reforzar una conducta conviene que el refuerzo se realice con más frecuencia. Cuando la conducta se realiza más fácilmente, conviene que el refuerzo sea intermitente, es decir, que no se refuerce siempre tras la conducta. De ésta manera se favorece el mantenimiento de la conducta y progresivamente su instauración permanente.
  5. Resumiendo podríamos decir que gestos sencillos de aprobación como un abrazo, una sonrisa, chocar las manos, y elogiar la conducta bien realizada son actos útiles, eficaces y fáciles de utilizar a la hora de mejorar la conducta de nuestro hijo y sin lugar a dudas más efectivo que reprobar la conducta no deseada con lo que solo conseguimos llamar la atención sobre aquello que no deseamos y reforzar de forma negativa. Intente reducir el número de ocasiones en las que le dice a su hijo "no hagas ..." y aumentar las veces que le refuerza de forma positiva, vale la pena pensar detenidamente antes de hablarles sobre la conducta porque digamos que un cambio de signo, el negativo por el positivo en esta ocasión también puede cambiar el resultado.

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